Nuevas aventuras de Robinson Crusoe
Nuevas aventuras de Robinson Crusoe Sin embargo, como era una noche de luna clara y vieron que los salvajes mantenÃan un gran desorden en torno a sus muertos y heridos, además de comportarse con ruido y grandes prisas, más adelante decidieron atacarles por la noche, sobre todo si eran capaces de dispararles al menos una andanada antes de que los descubrieran. Dispusieron de una buena ocasión para ello, porque uno de los dos ingleses, en cuya zona habÃa empezado la pelea, los dirigió en un rodeo entre el bosque y la costa, hacia el oeste, para luego acortar hacia el sur y llegar tan cerca del grueso de los enemigos que, antes de que pudieran verlos u oÃrlos, ocho de nuestros hombres dispararon contra ellos y causaron una terrible ejecución; al cabo de medio minuto otros ocho hombres reanudaron el ataque disparando munición pequeña en tal cantidad que hubo abundantes muertos y heridos; y todo eso mientras aquellos no eran capaces de ver quién los atacaba ni en qué dirección huir.
Los españoles cargaron de nuevo, del modo más expeditivo, y luego se repartieron en tres grupos y decidieron atacar todos a la vez. En cada grupo habÃa ocho personas; es decir, veinticuatro en total, de los que veintidós eran hombres y dos mujeres que, dicho sea de paso, pelearon desesperadamente.