Nuevas aventuras de Robinson Crusoe
Nuevas aventuras de Robinson Crusoe No puedo decir a cuántos matamos y herimos con aquella andanada, mas sin duda nunca se había visto entre una multitud tanto terror y tantas prisas; en total había unas trece o catorce canoas volcadas, con todos sus tripulantes nadando; los demás, enajenados de puro miedo, remaban para alejarse tan deprisa como pudieran, sin preocuparse apenas de aquellos cuyos botes habían quedado partidos o dañados por nuestra artillería: así que supongo que muchos se perdieron; y nuestros hombres rescataron a un pobre desgraciado que nadaba para salvar la vida. Al cabo de una hora, más o menos, habían desaparecido todos.
Los pequeños disparos de nuestro cañón debieron de matar y herir a una gran cantidad, pero, en resumen, nunca supimos cómo les había afectado; huyeron tan veloces que, al cabo de tres horas, más o menos, ya no veíamos más que tres o cuatro canoas que luchaban todavía; tampoco volvimos a ver nunca a los demás, pues aquella misma tarde se levantó una leve brisa y levamos anclas para partir hacia Brasil.