Nuevas aventuras de Robinson Crusoe
Nuevas aventuras de Robinson Crusoe Estuvimos todos de acuerdo en regresar hacia ese lugar. Puede que no escriba bien el nombre del puerto, según lo llamaba el anciano, porque no lo recuerdo particularmente y lo perdí junto con los nombres de otros muchos lugares que había anotado en un pequeño cuaderno que se estropeó al mojarse en un accidente del que daré noticia cuando corresponda; mas sí recuerdo que los comerciantes chinos y japoneses con quienes mantuvimos tratos le daban un nombre distinto, mientras que el piloto portugués, como ya se ha dicho, lo llamaba Quinchang.
Como la decisión de desplazarnos hasta allí era unánime, levamos anclas al día siguiente, tras haber bajado tan sólo dos veces a tierra para conseguir agua dulce; en ambas ocasiones la gente se mostró muy correcta con nosotros y trajo abundantes artículos para vendernos: me refiero a provisiones, plantas, raíces, té, arroz y algunas aves; mas todo a cambio de dinero.