Nuevas aventuras de Robinson Crusoe
Nuevas aventuras de Robinson Crusoe Tampoco falló el miedo a la hora de despertar las fantasías y acrecentar los peligros; había convertido a los capitanes ingleses y holandeses en hombres incapaces de atender a razones, o de distinguir entre hombres honestos y villanos; o entre una historia de nuestra propia invención, sacada de la nada con el propósito de engañar, y el relato genuino de todo nuestro viaje, su progreso, sus intenciones. Porque teníamos muchos modos de convencer a cualquier criatura razonable de que no éramos piratas; los bienes que llevábamos a bordo, el rumbo que habíamos mantenido, la franqueza con que nos habíamos mostrado y entrado en tal y tal puerto; incluso nuestros modales, la escasa fuerza que llevábamos a bordo, la cantidad de tripulación, las pocas armas y mínima munición, la cortedad de provisiones: todo eso hubiera servido para convencer a cualquiera de que no éramos piratas. El opio y otros artículos que llevábamos a bordo demostraban que el barco había estado en Bengala; los holandeses, que como ya he dicho tenían los nombres de toda la primera tripulación del barco, hubieran visto fácilmente que éramos una mezcla de ingleses, portugueses e indios, con sólo dos holandeses a bordo. Esas y otras muchas circunstancias particulares hubieran puesto en evidencia al entendimiento de cualquier comandante en cuyo poder pudiéramos caer, que no éramos piratas.