Nuevas aventuras de Robinson Crusoe
Nuevas aventuras de Robinson Crusoe Me pareció una petición razonable por su parte y, en consecuencia, me incliné por aceptarla; ciertamente, consideraba que llevar a toda aquella panda hasta las Indias Orientales no sólo supondría una intolerable severidad para aquella pobre gente, sino también una ruina para nuestro viaje, pues se agotarían las provisiones. De modo que no lo consideré como una quiebra de las obligaciones contratadas para el viaje, sino algo que se volvía absolutamente necesario por un accidente imprevisto y del que nadie podría afirmar que éramos culpables, pues tanto las leyes de Dios como las de la naturaleza nos hubieran prohibido negarnos a rescatar aquellos dos botes llenos de gente en situación tan desesperada: la naturaleza del asunto, por respeto a nosotros mismos y a aquella pobre gente, nos obligaba a desembarcarlos en una costa u otra para salvarlos; por eso consentí en llevarlos hasta Newfoundland, si el viento y el tiempo lo permitían; en caso contrario, los llevaría a la Martinica, en las Indias Orientales.