Nuevas aventuras de Robinson Crusoe

Nuevas aventuras de Robinson Crusoe

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En pocas palabras, nos dijo que había una gran caravana de comerciantes de Moscú y polacos en la ciudad y que se estaban preparando para viajar por tierra hacia Moscú al cabo de cuatro o cinco semanas, y estaba seguro de que nosotros aprovecharíamos la oportunidad de partir con ellos y dejarlo atrás para que volviera solo. Confieso que esas noticias me sorprendieron: se desparramó por toda mi alma una secreta alegría que no puedo describir, que no había sentido antes y que no he vuelto a sentir desde entonces. Durante un rato me quedé sin fuerzas para hablarle al anciano, mas al fin volví a él: «¿Cómo lo habéis sabido? —le pregunté—. ¿Estáis seguro de que es cierto?». «Sí —contestó—. Esta mañana me he encontrado por la calle un viejo conocido, armenio, o lo que ustedes llaman griego, que va con ellos; venía de Astracán y planeaba ir hasta Tonkín, donde yo lo conocí en otro tiempo, mas luego cambió de idea y ahora está decidido a regresar con esa caravana a Moscú y luego bajar por el río Volga hasta Astracán». «Bueno, señor —le dije—, no os inquietéis por la posibilidad de quedaros solo para la vuelta. Si hay un modo de que yo regrese a Inglaterra y vos os vais a Macao la culpa será vuestra por entero». Entonces fuimos juntos a averiguar qué pasaba y yo pregunté a mi socio qué le parecían las noticias del piloto y si las consideraba acordes con sus necesidades: me dijo que haría lo mismo que yo, porque había resuelto tan bien sus asuntos en Bengala y dejado sus propiedades en tan buenas manos que, mientras durase el viaje por China, si podía invertir en sedas que valiera la pena transportar, tanto crudas como procesadas, estaría encantado de ir a Inglaterra y luego regresar a Bengala en algún barco de la Compañía.


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