Nuevas aventuras de Robinson Crusoe
Nuevas aventuras de Robinson Crusoe En ese intervalo llegó el pobre chino que había perdido el camello, mas no tenía armas: de todos modos, al ver al tártaro en el suelo con su caballo encima, echó a correr hacia él y agarró una arma blanca bien fea que llevaba en un costado, algo parecido a un hacha sin serlo, se la arrancó y se preparó para sacarle los sesos tártaros a golpes. Sin embargo, mi anciano aún tenía que encargarse del tercer tártaro; al ver que no huía como había esperado, ni tampoco se acercaba a pelear con él como temía, sino que se quedaba quieto por completo, el anciano también se detuvo y se puso a manipular sus aparejos para volver a cargar la pistola; en cuanto la vio el tártaro, no sabemos si supuso que era la misma de antes u otra, pero el caso es que salió pitando y concedió a mi piloto, a quien desde entonces llamamos campeón, una victoria total.
Para entonces yo ya empezaba a despertarme. Al principio creí salir de un dulce sueño, mas como ya he dicho antes me preguntaba dónde estaba, qué hacía tumbado en el suelo y qué estaba pasando; en pocas palabras, unos instantes después, al recuperar el conocimiento sentí un dolor, aunque no sabía dónde; me llevé la mano a la cabeza la retiré ensangrentada; entonces noté el dolor de cabeza y, un instante después, regresó la memoria y todo se me hizo presente de nuevo.