Nuevas aventuras de Robinson Crusoe
Nuevas aventuras de Robinson Crusoe Sin embargo, lo peor de todo era que estaban casi muertos de hambre por falta de provisiones, además de las fatigas que habían sufrido; habían desaparecido el pan y la carne, de los que no quedaba ni una onza en el barco, y ya llevaban once días sin probarlos; su único consuelo era que no habían gastado toda el agua y les quedaba cerca de un barril de harina; al principio tenían suficiente azúcar, algunos dulces y confituras, pero ya los habían devorado; y les quedaban siete barriles de ron.
Había a bordo un joven, con su madre y una sirvienta, convencidos de que el barco estaba listo para navegar.
Por desgracia, habían embarcado la noche antes de que empezara el huracán. Como no tenían provisiones propias, estaban en una situación más deplorable que los demás, pues los marinos, reducidos a un estado de extrema necesidad, no tenían compasión, de esto podemos estar seguros, de los pobres pasajeros: y desde luego vivían en tal estado que resulta difícil describir su desgracia.