Nuevas aventuras de Robinson Crusoe
Nuevas aventuras de Robinson Crusoe «Esperad —respondió—, vuestra pregunta es sutil y requiere distinciones serias y justas para darle una respuesta sincera, y os la daré desde el fondo de mi corazón. Nada de cuanto conozco en este mundo podrÃa impulsarme a librarme de este estado de destierro, salvo dos cosas: primero, el disfrute de mis relaciones; segundo, un clima algo más cálido. Mas os aseguro que regresar a la pompa de la corte, la gloria, el poder, la prisa de un ministro de Estado, la riqueza, la jovialidad y los placeres; es decir, a los caprichos de un cortesano, si mi señor me anunciase en este mismo momento que me reinstaura en todo aquello que se me prohibió, os aseguro, si en algo me conozco, que yo no abandonarÃa esta tierra inhóspita, estos desiertos, estos lagos helados, a cambio del palacio de Moscú».
«Pero, mi señor —dije yo—, tal vez no se os haya desterrado sólo de los placeres de la corte y del poder, la autoridad y la riqueza de que disponÃais antes, sino que también os perdéis algunas comodidades de la vida: vuestro patrimonio, acaso confiscado, y vuestros bienes, saqueados, y acaso las provisiones que tenéis aquà no sean suficientes para las exigencias ordinarias de la vida».