Nuevas aventuras de Robinson Crusoe
Nuevas aventuras de Robinson Crusoe Es cierto que, de puertas adentro, estábamos calientes, con las casas cerradas, las paredes gruesas, las ventanas pequeñas y todos los cristales dobles. Nuestra comida consistía principalmente en carne de ciervo, seca y curada en la correspondiente estación; pan bastante bueno, aunque horneado como si fuera de galleta; distintas variedades de pescado seco y algo de cordero y de búfalo, que da una carne bastante buena. Todas las reservas de provisiones para el invierno se preparan y curan durante el verano. Bebíamos agua mezclada con aguardiente en vez de coñac; como lujo, hidromiel en vez de vino; aunque hay existencias de este último, y de buena calidad. Los cazadores, que se aventuraban a salir con cualquier tiempo, nos traían carne fresca de venado, muy grasa y de buen gusto; a veces también carne de oso, aunque no nos gustaba demasiado. Teníamos una buena provisión de té, con el que invitábamos a los amigos, como ya se ha contado, y, en pocas palabras, vivíamos bien y alegremente si tenemos en cuenta las circunstancias.