Nuevas aventuras de Robinson Crusoe
Nuevas aventuras de Robinson Crusoe Ya estábamos en marzo y los dÃas eran bastante más largos y el tiempo, al menos, tolerable, asà que otros viajeros empezaron a preparar trineos para desplazarlos sobre la nieve y a alistarlo todo para partir; mas como yo me habÃa decidido, tal como he contado, por Arcángel y no por Moscú o el Báltico, no me movÃ, pues sabÃa muy bien que los barcos del sur no se acercan a esa parte del mundo hasta mayo o junio, y si llegaba allà a principios de agosto, serÃa cuando empezaran a prepararse los barcos para partir; en consecuencia, digo, no tuve prisa por partir, como otros. En resumen, vi a mucha gente, en fin, a todos los viajeros, partir antes que yo. Parece que cada año salen desde allà hacia Moscú para comerciar; es decir, para acarrear pieles, comprar artÃculos de primera necesidad que luego traen de vuelta para aprovisionar sus negocios; otros también iban con la misma misión a Arcángel; mas también estos, como luego tenÃan que recorrer las ochocientas millas de regreso, salieron todos antes que yo.
Hacia finales de mayo empecé a prepararme para empacarlo todo y mientras lo hacÃa se me ocurrió que, ya que toda aquella gente habÃa sido desterrada a Siberia por el zar de Moscú, pero al llegar allà eran libres para desplazarse a donde quisieran…, ¿por qué no se iban entonces a cualquier lugar del mundo que les pareciera adecuado? Y empecé a examinar qué podÃa ser lo que les impedÃa intentarlo.