Nuevas aventuras de Robinson Crusoe
Nuevas aventuras de Robinson Crusoe Por supuesto, quedé silenciado de inmediato y entendí que estaban en una cárcel tan segura como si los hubieran encerrado en el castillo de Moscú; de todas formas, me dio por pensar que yo podía ciertamente convertirme en instrumento para lograr la huida de aquella persona excelente y que me resultaría fácil llevarlo conmigo, pues en aquellas tierras no había quien lo vigilase, y como yo no iba a Moscú, sino a Arcángel, y llevaba una caravana que no estaba obligada a descansar en los pueblos estacionarios del desierto, sino que pensaba acampar donde me sorprendiera la noche, podía fácilmente llegar sin interrupción a Arcángel, donde podría embarcarlo con toda seguridad en algún barco inglés u holandés, y llevármelo a salvo conmigo; en cuanto a su subsistencia, y otros detalles, yo me ocuparía de eso hasta que él pudiera proveer por sí mismo.