Nuevas aventuras de Robinson Crusoe
Nuevas aventuras de Robinson Crusoe Para entonces ya se había recuperado del todo.
«¿Cómo sabéis, señor —dijo, con calidez—, si en vez de una citación del cielo puede ser un amago de algún otro instrumento que se me representa con todo el atractivo de sus colores, con el despliegue de felicidad como una liberación que en sí misma podría ser una trampa y conducir directamente a mi ruina? Aquí estoy libre de la tentación de regresar a la miseria de mi antigua grandeza; allí, no estoy seguro, pues todas las semillas del orgullo, la ambición, la avaricia y la lujuria, que sé que siguen en mi naturaleza, podrían revivir y echar raíces y, en pocas palabras, abrumarme de nuevo. Entonces el prisionero feliz al que ahora veis como dueño de la libertad de su alma, sería un miserable esclavo de sus sentidos en plena posesión de toda su libertad personal. Apreciado señor, dejadme pertenecer en este bendito confinamiento, desterrado de los crímenes de la vida, en vez de adquirir una apariencia de libertad a expensas de la libertad de mi razón y de la felicidad futura que ahora tengo a la vista, pero que podría, en el futuro, perder de vista, me temo. Porque no soy más que carne, un hombre, un mero hombre, tengo pasiones y afectos y es tan probable que me posean y me venzan como a cualquier otro hombre. ¡No seáis mi amigo y mi tentador al mismo tiempo!».