Nuevas aventuras de Robinson Crusoe
Nuevas aventuras de Robinson Crusoe Sus sirvientes llevaron los caballos hasta la ciudad, pero dejaron al joven señor a cierta distancia hasta la noche, cuando se presentó de incógnito en nuestros aposentos y su padre pudo presentármelo. En pocas palabras, allí acordamos cómo íbamos a viajar y todo lo que correspondía para el trayecto.
Yo había comprado una cantidad considerable de martas, zorros de piel negra, buenos armiños y otras pieles de gran riqueza; digo que los había comprado en esa ciudad en trueque por algunos de los artículos que había llevado desde China: en concreto, por el clavo y la nuez moscada, de los que vendí allí la mayor parte y el resto en Arcángel por un precio mucho mejor que el que hubiera conseguido en Londres; como mi socio se dio cuenta del beneficio y se dedicaba al comercio de manera más particular que yo, quedó encantado con nuestra estancia allí en función del comercio que hizo.