Nuevas aventuras de Robinson Crusoe
Nuevas aventuras de Robinson Crusoe Mi joven caballero llevaba consigo a un fiel sirviente moscovita, o mejor dicho siberiano, que conocía el terreno a la perfección y que nos guio por caminos privados para que evitáramos entrar en los principales pueblos y ciudades del camino, como Tiumen, Solikamsk y otras varias; los cuarteles moscovitas que en ellas se encuentran son muy curiosos y estrictos en su vigilancia de los viajeros y en sus registros para evitar que cualquiera de los desterrados de nota logren escapar y regresar a Moscú; de ese modo, al mantenernos fuera de las ciudades, todo nuestro viaje fue un desierto y nos vimos obligados a acampar y descansar en las tiendas, cuando en las poblaciones hubiéramos encontrado buen alojamiento; el joven caballero era tan consciente de eso que no permitía que durmiéramos a la intemperie cuando estábamos cerca de alguna ciudad; se quedaba él en el bosque con su sirviente y fijábamos algún lugar de reencuentro.