Nuevas aventuras de Robinson Crusoe
Nuevas aventuras de Robinson Crusoe Acabábamos de entrar en Europa, después de pasar el rÃo Kama, que en esa zona hace de frontera con Asia, y la primera ciudad del lado europeo se llamaba Solikamsk, que significa «gran ciudad del Kama». Allà esperábamos notar alguna diferencia evidente en la gente, en sus maneras, sus hábitos, su religión y sus negocios, pero nos equivocábamos: como tenÃamos por delante un vasto desierto que en algunas zonas llega a medir setecientas millas de extensión, aunque sólo doscientas por donde lo cruzamos nosotros, apenas encontramos pequeñas diferencias entre aquel territorio y el de los tártaros mogoles hasta que logramos cruzar aquel lugar horrible; la mayorÃa de la gente eran paganos, apenas mejores que los salvajes de América; sus casas y aldeas, llenas de Ãdolos; su modo de vida, bárbaro por completo, salvo en ciudades como las ya mencionadas, donde hay cristianos de la Iglesia griega, pues asà se llaman a sà mismos. Mas incluso estos tienen su religión tan mezclada con reliquias de la superstición que en algunos lugares cuesta distinguirla de la mera brujerÃa o hechicerÃa.