Nuevas aventuras de Robinson Crusoe
Nuevas aventuras de Robinson Crusoe Dimos muchos rodeos y desembarcamos en varias islas de la desembocadura del gran río Orinoco, pero sin alcanzar mi propósito; sin embargo, con la navegación costera descubrí que anteriormente había cometido un gran error: a saber, que lo que yo veía desde mi isla y tomaba por continente no era tal, sino una isla grande o, mejor dicho, un archipiélago de islas que se extendían de un extremo a otro de la gran desembocadura del río; y que los salvajes que acudían a mi isla no eran exactamente esos que llamamos caribes, sino isleños y otros bárbaros de la misma calaña, que habitaban más cerca de nosotros que los demás.
En resumen, visité varias islas para nada; algunas resultaban estar deshabitadas y otras no. En una encontré a unos españoles y me pareció que debían de vivir allí; sin embargo, al hablar con ellos supe que tenían un balandro amarrado en un pequeño riachuelo y que habían ido hasta allí para hacer sal y capturar algunas ostras de perla, si podían. Pero eran de la isla de Trinidad, que queda al norte, entre 10 y 11 grados de latitud.