Nuevas aventuras de Robinson Crusoe
Nuevas aventuras de Robinson Crusoe «No, no —contestó él, meneando la cabeza—. No verlo nunca más, nunca jamás volver a ver». «¿Por qué? —quise saber—. ¿Cómo lo sabes, Viernes?». «Ah, no, no —insistió él—. Hace mucho morir; mucho, él ser viejo mucho».
«Bueno, bueno —le dije—. Viernes, vete a saber. Entonces, ¿veremos a alguien más?». Al parecer, el hombre tenÃa mejores ojos que yo, asà que señaló hacia la colina que quedaba por encima de mi vieja casa y, aunque estábamos a más de media legua de distancia, exclamó: «¡Yo ver! ¡Yo ver! SÃ, sÃ, yo ver allà mucho hombre y allà y allû. Miré, mas no pude ver a nadie sin mi catalejo. Supongo que era porque no acertaba con el lugar. Porque el tipo tenÃa razón, según pude comprobar al investigar al dÃa siguiente, y habÃa cinco o seis hombres juntos mirando nuestro barco, y sin saber qué pensar de nosotros.