Robinson Crusoe
Robinson Crusoe Seguí trabajando en el casco hasta el 15 de junio, salvo los momentos dedicados a cazar, que elegía a las horas de marea alta para tener tiempo libre durante el reflujo. Ya entonces había obtenido suficiente madera y herraje como para construir un buen bote si hubiera sabido cómo. También saqué poco a poco y en muchos pedazos casi cien libras de plomo.
16 de junio.— Yendo hacia la playa encontré una enorme tortuga. Era la primera que veía, más por mala suerte que por otra cosa, ya que si hubiera ido al otro lado de la isla habría encontrado cientos de ellas, como lo descubrí más tarde; pero acaso me hubiera salido aquello demasiado caro.

Encontré una enorme tortuga.
17 de junio.— Pasé el día cocinando la tortuga, dentro de la cual había sesenta huevos. Su carne me pareció en esa ocasión la más deliciosa que hubiera probado en mi vida, ya que desde mi arribo a tan triste lugar mi único alimento habían sido las cabras y las aves.
18 de junio.— Llovió el día entero y me quedé dentro. Esta vez encontré que el agua era muy fría y sentí escalofríos, lo que me pareció muy raro en estas latitudes.
19 de junio.— Muy enfermo y temblando como si hiciese mucho frío.