Robinson Crusoe
Robinson Crusoe Aquello era espantoso de ver, pero algo peor me esperaba cuando descendí a la playa y encontré los restos que después del atroz festín habían quedado diseminados; sangre, huesos, trozos de carne humana que aquellos monstruos habían devorado en medio de danzas y júbilo. Tan lleno de indignación me sentí a la vista del horrendo espectáculo que empecé inmediatamente a premeditar la destrucción de los que desembarcasen una próxima vez en la isla, sin importarme su número.
Transcurrieron con todo un año y tres meses antes de que volviera a ver a los salvajes, como contaré en su lugar. Es probable sin embargo que vinieran una o dos veces, pero se quedaron muy poco tiempo o yo no tuve noticia de su presencia. En el mes de mayo, según creo recordar, y en el año vigésimo cuarto de mi residencia, tuve un extraño encuentro con ellos que narraré en su debido momento.