Robinson Crusoe
Robinson Crusoe Naturalmente bastaría que yo me presentara, o enviase a alguien con suficiente poder para reclamar los bienes en mi nombre, para que todo me fuese entregado. Solamente no me serían devueltas las rentas anuales, que habían sido destinadas a usos de caridad. El capitán me aseguró que el administrador real de las rentas de tierras, así como el «provedidore» o ecónomo del monasterio, habían tenido gran cuidado de que mi socio rindiera anualmente cuenta de lo producido por la plantación, de la cual recibían la mitad.
Le pregunté si estaba al tanto de las mejoras introducidas en la plantación, y si valía la pena que yo me embarcase rumbo al Brasil; también quise saber si a mi llegada no encontraría dificultades en la toma de posesión de mi parte. Me dijo que ignoraba con exactitud hasta qué punto había crecido la plantación, pero sí sabía que mi socio era ahora un hombre muy rico con sólo el producto de una mitad del total. También recordaba haber oído que el tercio de mi parte consagrado al fisco —que aparentemente era entregado a otro monasterio o fundación religiosa— sumaba más de doscientos moidores[2] anuales.
En cuanto a la toma de posesión de mis bienes, él no encontraba la menor dificultad, ya que mi socio vivía y podría testimoniar de mis derechos, fuera de que mi nombre estaba debidamente inscrito en el registro de propietarios.