Robinson Crusoe
Robinson Crusoe Cuando llegó el cargamento creí que mi fortuna estaba hecha, tanto me maravilló aquello. Mi servicial amigo el capitán había empleado las cinco libras que le regalara la viuda en contratar por seis años un criado que él mismo me trajo, y no quiso aceptar la menor retribución salvo una pequeña cantidad de tabaco que, por ser de mi plantación, logré al fin que aceptara.
No todo concluyó allí: las mercancías inglesas tales como paños, tejidos y bayetas eran sumamente solicitadas en el país, de modo que pronto las vendí con tal ganancia que puede asegurarse que cuadripliqué el valor de mi primer cargamento, dejando pronto atrás a mi pobre vecino en el progreso de la plantación; lo primero que hice fue comprar un esclavo negro y obtener los servicios de otro criado europeo, fuera del que el capitán me había traído de Lisboa.

Compré un esclavo negro.