Cancion de Navidad
Cancion de Navidad El dedo inexorable no cambió su dirección. Scrooge se apresuró hacia la ventana de su oficina, y miró adentro. Seguía siendo una oficina, pero no la suya. Los muebles no eran los mismos, y la figura que estaba en la silla no era él. El fantasma seguía señalando al mismo sitio que antes.
Scrooge se reunió con él, preguntándose por qué y adónde se había ido, lo acompañó hasta que llegaron a un portón de hierro. Se detuvo para mirar a su alrededor antes de entrar.
Era un camposanto. Aquí, entonces, yacía bajo tierra el desdichado hombre cuyo nombre ahora iba a saber. Era un lugar digno, rodeado de casas, invadido por las malas hierbas —vegetación de la muerte, no de la vida— asfixiado por demasiados enterramientos, colmado con apetito repleto. ¡Un lugar digno!
El espíritu permaneció entre las tumbas y señalaba a una. Scrooge se acercó temblando. El fantasma seguía igual que antes, pero a Scrooge le horrorizaba pensar que veía un nuevo significado en su solemne figura.
—Antes de acercarme a esa lápida que señalas —dijo Scrooge—, contéstame a una pregunta. ¿Estas son las sombras de las cosas que van a ocurrir, o sólo son las sombras de las cosas que puedan ocurrir?
El espíritu seguía señalando la tumba que había a su lado.