Cancion de Navidad
Cancion de Navidad —¡Fred! —dijo Scrooge.
¡Cielo santo, cómo se sobresaltó su sobrina polÃtica! A Scrooge, por un momento, se le habÃa olvidado que ella se sentaba en el rincón con el escabel, si no, no se le hubiera ocurrido presentarse de esa forma.
—¡Bendita sea! —exclamó Fred—, ¿quién es?
—Soy yo, tu tÃo Scrooge. He venido a cenar. ¿Me dejáis pasar, Fred?
¡Dejarle pasar! Fue una suerte que no le arrancara el brazo al darle la mano. En cinco minutos se sentÃa como en casa. Nada podÃa ser más grato. Su sobrina se mostró exactamente igual. Lo mismo hizo Topper cuando llegó, y la hermana rellenita, y todos. Fue una fiesta maravillosa, con juegos maravillosos, con una unanimidad y una felicidad maravillosas.
La mañana siguiente llegó temprano a la oficina. SÃ, llegó temprano. ¡Ojalá pudiera llegar el primero y coger a Bob Cratchit llegando tarde! Ése era su propósito.
Y lo hizo; sÃ, lo hizo. El reloj dio las nueve y Bob no estaba allÃ. Y cuarto, y Bob no llegaba. Llegó justo dieciocho minutos y medio después de su hora. Scrooge se sentó con su puerta abierta de par en par para poder verle entrar en su cubÃculo.