Cancion de Navidad
Cancion de Navidad La puerta de la oficina de Scrooge estaba abierta para poder echar un ojo a su empleado, el cual en una sombrÃa y minúscula celda más allá, una especie de depósito, estaba copiando cartas. Scrooge tenÃa un fuego muy pequeño, pero el fuego del empleado era tantÃsimo más pequeño que parecÃa sólo un trozo de carbón. Pero no podÃa echar más porque Scrooge guardaba la caja del carbón en su propia habitación y entonces, con toda seguridad, al entrar el empleado con el badil[2], el señor iba a decir que tenÃan que irse. De ahà que el empleado se echara por encima su bufanda blanca e intentara calentarse con la vela, en cuyo esfuerzo, al no ser un hombre de gran imaginación, fracasaba.
—¡Feliz Navidad, tÃo! ¡Que Dios le guarde! —gritó una voz animosa. Era la voz del sobrino de Scrooge, que se encontró con él tan deprisa que ésta fue la primera indicación que tuvo de su acercamiento.
—¡Bah! —dijo Scrooge—, ¡Paparruchas!
Se habÃa calentado andando con rapidez en la niebla y en la escarcha, este sobrino de Scrooge, que estaba radiante; tenÃa la cara rubicunda y lozana; le brillaban los ojos y el aliento le volvÃa a humear.
—¡La Navidad una paparrucha, tÃo! —dijo el sobrino de Scrooge—. ¡Seguro que no lo dice en serio!
—Por supuesto que sà —dijo Scrooge—. ¡Feliz Navidad! ¿Qué derecho tienes a ser feliz? ¿Qué razón tienes para ser feliz? Con lo pobre que eres.