Cancion de Navidad
Cancion de Navidad Esto no iba dirigido a Scrooge, ni a nadie que él pudiese ver, pero produjo un efecto inmediato. Porque Scrooge volvió a verse a sà mismo. Ahora era mayor; un hombre en la flor de su vida. Su rostro no tenÃa los rasgos duros y severos de los años posteriores; pero empezaba a mostrar señales de preocupación y de avaricia. HabÃa en sus ojos una actividad ávida, aguda e inquieta que señalaba una pasión que habÃa arraigado, y donde iba a caer la sombra del árbol que crecÃa en él.
No se encontraba solo, sino sentado al lado de una guapa mujer joven vestida de luto y que tenÃa lágrimas en los ojos, esos brillaban a la luz que daba el espÃritu de las Navidades pasadas.
—Importa poco —dijo ella con una voz suave—. A ti, muy poco. Otro Ãdolo me ha desplazado, y si puede hacerte feliz y darte consuelo en el futuro, como yo habrÃa intentado hacer, no tengo motivo alguno para lamentarme.
—¿Qué Ãdolo te ha suplantado? —replicó.
—Uno de oro.
—¡Ése es el trato injusto de la gente! —dijo—. No hay nada tan injusto como la pobreza; ¡y no hay nada que se condene con tanta severidad como la persecución de la riqueza!