Casa desolada
Casa desolada —Ay, amor mÃo, amor mÃo —dijo él—, es propio del sutil empozoñamiento de esos abusos incubar esas enfermedades. Tiene una infección de la sangre, y a sus ojos los objetos pierden sus aspectos naturales. No es culpa de él.
—Pero es una desgracia terrible, Tutor.
—Mujercita, lo que es una desgracia terrible es verse alguna vez succionado por la influencia de Jarndyce y Jarndyce. No conozco desgracia peor. Poco a poco, Rick se ha visto inducido a confiar en esa mala hierba, que comunica una parte de su maldad a todo lo que la rodea. Pero vuelvo a decir de todo corazón que hemos de tener paciencia con el pobre Rick y no echarle la culpa. ¡Cuántos corazones sanos no habré visto yo corrompidos por ese mismo medio!
No pude por menos de expresar algo de mi sorpresa y de mi pesar por el hecho de que sus intenciones tan benévolas y desinteresadas hubiesen valido de tan poco.
—No digamos eso, señora Durden —replicó en tono animado—. Creo que Ada está más contenta, de manera que eso llevamos de ganado. Creà que yo y los dos muchachos podrÃamos ser amigos, en lugar de enemigos desconfiados, y que en eso podrÃamos vencer al pleito, y ser lo bastante fuertes como para resistirnos a él. Pero era demasiado esperar. Jarndyce y Jarndyce fueron las cortinas de la cuna de Rick.