Casa desolada
Casa desolada —Y ahora, cariño mÃo —dijo mi Tutor—, si no te resultara fatigoso permitir que te viniera a ver una tarde esa personilla inofensiva, antes de salvar a la casa de Boythorn (que por lo demás está muy apegado a ella) de la demolición, ¡creo que la dejarÃas más orgullosa y más complacida consigo mismo de lo que pudiera hacer yo (pese a que mi eminente apellido es Jarndyce) en toda mi vida!
No me cabe duda de que él comprendÃa que habrÃa algo en la simple imagen de aquella pobre vÃctima que me penetrarÃa la mente como una lección amable en aquellos momentos. Lo advertà mientras me hablaba. No pude decirle con suficiente sinceridad lo dispuesta que estaba yo a recibirla. Siempre le habÃa tenido compasión, y nunca tanta como ahora. Siempre me habÃa sentido contenta de mi humilde capacidad para confortarla en sus calamidades, pero nunca, ni la mitad de contenta que ahora.