Casa desolada

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El señor Guppy da un leve codazo a su amigo para que eche otro vistazo, hace una pequeña reverencia al señor Tulkinghorn, que le devuelve una leve inclinación de cabeza. El señor Tulkinghorn lo contempla todo como si no tuviera cosa mejor que hacer y se sintiera más bien divertido por la novedad.

—Diríase que hay bastantes pertenencias aquí, señor mío —observa el señor Guppy al señor Smallweed.

—¡Más que nada trapos y basura, amigo mío! ¡Trapos y basura! Yo y Bart y mi nieta Judy estamos tratando de levantar un inventario de lo que se puede vender. Pero todavía no hemos encontrado gran cosa, no… hemos… encon… ¡ah!

Al señor Smallweed se le ha vuelto a acabar la cuerda, mientras que la mirada del señor Weevle, seguida por la del señor Guppy, ha vuelto a recorrer la trastienda y ha regresado a su origen.

—Bueno caballero —dice el señor Weevle—, no queremos interrumpir más; si nos lo permite, vamos a subir.

—¡Vayan donde quieran, señores míos, donde quieran! Están ustedes en su casa. ¡Les ruego que se sientan en su casa!


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