Casa desolada
Casa desolada Mientras se pasea por la terraza, probablemente con los ojos tan por encima de sus pensamientos como lo están por encima de la Tierra, de pronto se ve detenido al pasar junto a la ventana por dos ojos que tropiezan con los suyos. El techo de su habitación es bastante bajo, y la parte más alta de la puerta, que está frente a la ventana, es de cristal. También hay una doble puerta acolchada, pero como la noche es cálida, no la cerró cuando subió. Esos ojos que tropiezan con los suyos miran por el cristal desde el pasillo de afuera. Él los conoce bien. Hace muchos años que no se le subÃa la sangre a la cara de manera tan repentina y tan roja como cuando reconoce a Lady Dedlock.
Entra en la habitación, y también entra ella, que cierra ambas puertas tras de sÃ. Tiene ella en la mirada una inquietud furiosa (¿es miedo o es ira?). En cuanto al porte y todo lo demás, tiene el mismo aspecto que tenÃa hace dos horas, en el piso de abajo.
¿Es miedo o es ira? Él no puede estar seguro. Ambos podrÃan reflejarse en la misma palidez, en la misma decisión.
—¿Lady Dedlock?
Al principio ella no habla, ni siquiera tras dejarse caer lentamente en la butaca que hay junto a la mesa. Se miran el uno al otro, como dos cuadros.
—¿Por qué ha contado usted mi historia a tanta gente?