Casa desolada
Casa desolada —Y ése es el corazón ante el cual el mismo John Jarndyce, al que de otro modo no se debe mencionar entre nosotros, intervino para separarlo de mà —dijo, indignado—. Y esta muchacha encantadora me hace este mismo ofrecimiento bajo el techo del mismo John Jarndyce, y con el consentimiento y la benévola connivencia del mismo John Jarndyce, estoy seguro, como nuevo truco para comprarme.
—¡Richard! —exclamé, levantándome de golpe—. ¡No estoy dispuesta a escuchar palabras tan lamentables! —La verdad era que me sentÃa muy enfadada con él, por primera vez en mi vida, pero no me duró más que un momento. Cuando vi que me miraba, tan joven, como pidiendo excusas, le llevé la mano al hombro y le dije—: Por favor, querido Richard, no me hables en ese tono. ¡Piénsalo!
Se hizo enormes reproches, y me dijo con gran generosidad que habÃa actuado muy mal, y que me pedÃa perdón mil veces. Al oÃrlo me eché a reÃr, pero también a temblar un poco, pues me sentÃa bastante agitada tras mi cólera inicial.