Casa desolada
Casa desolada —Realmente, Lady Dedlock, no puedo darle una respuesta clara. Me temo que no. Probablemente todavÃa no. La gente de mi clase a veces añade a nuestros… caprichos una intención seria, lo cual hace que no resulten fácilmente renunciables. Creo que tenemos costumbres bastante tenaces.
Sir Leicester teme que esta expresión sea un poco Watt Tyleresca, y se irrita un tanto. El señor Rouncewell es perfectamente cortés y amable, pero dentro de esos lÃmites es evidente que adapta su tono a la acogida de que ha sido objeto.
—Porque —continúa Milady— he estado pensando en este tema, que ya me está cansando.
—Lo lamento mucho, sinceramente.
—Y también en lo que dijo Sir Leicester al respecto, con lo cual estoy perfectamente de acuerdo (Sir Leicester se siente halagado), y si no nos puede usted dar la garantÃa de que se le ha pasado su capricho, he llegado a la conclusión de que lo mejor es que la muchacha se vaya de mi lado.
—No le puedo dar esa garantÃa, Lady Dedlock. En absoluto.
—Entonces es mejor que se vaya.