Casa desolada
Casa desolada Volumnia explica con toda humildad que no sólo tenÃa la excusa de la curiosidad (con todas las jóvenes de su sexo), sino que está muriéndose de pena y de interés por aquel querido hombre, cuya pérdida deploran tanto todos.
—Muy bien, Volumnia —replica Sir Leicester—, en tal caso, toda discreción es poca.
El señor Bucket aprovecha la oportunidad de una pausa para hacerse oÃr otra vez:
—Sir Leicester Dedlock, Baronet, no tengo objeciones a decir a esta dama, con su permiso y entre nosotros, que considero el caso prácticamente resuelto. Es un caso magnÃfico, un caso magnÃfico, y lo poco que falta para cerrarlo preveo tenerlo hecho en unas pocas horas.
—Pues celebro muchÃsimo oÃrlo —dice Sir Leicester—. Dice mucho de usted.
—Sir Leicester Dedlock, Baronet —responde el señor Bucket, muy serio—, espero que al mismo tiempo que dice algo de mÃ, de satisfacción a todos. Mire usted, señorita —continúa el señor Bucket, mirando gravemente a Sir Leicester—, cuando digo que es un caso magnÃfico, quiero decir desde mi punto de vista. Considerado desde otros puntos de vista, estos casos siempre implican más o menos cosas desagradables. Llegan a nuestro conocimiento cosas muy extrañas de algunas familias, señorita; usted, tan delicada, quizá las calificarÃa de fenómenos.