Casa desolada
Casa desolada —Hombre, usted medirá seis pies y dos pulgadas, ¿no? —pregunta el señor Bucket.
—Y tres pulgadas —dice Mercurio.
—¿Tanto? Pero, claro, como también es usted muy ancho, no se nota. Desde luego, no es usted ningún alfeñique. ¿Ha posado usted alguna vez para un artista? —pregunta el señor Bucket, dando la impresión de que él mismo es artista, para lo cual ladea la cabeza y cierra un ojo. Mercurio no ha posado nunca.
—Pues deberÃa hacerlo, mire —responde el señor Bucket—, y un amigo mÃo, del que algún dÃa oirá usted hablar como escultor de la Academia de Bellas Artes, seguro que pagarÃa una buena suma por dejar constancia de sus proporciones en mármol. Milady ha salido, ¿verdad?
—Ha salido a una cena.
—Sale prácticamente todos los dÃas, ¿no?
—SÃ.
—¡No me extraña! —comenta el señor Bucket—. Una mujer tan fina como ella, tan hermosa y tan elegante es como un limón nuevo en una mesa, ornamenta cualquier parte donde vaya. ¿Su padre de usted tenÃa el mismo oficio que usted?
La respuesta es negativa.