Casa desolada
Casa desolada —Sir Leicester Dedlock, Baronet, ¿cómo salieron mis cálculos en estas circunstancias? Cuando calculé que esta impetuosa joven iba a cometer nuevas exageraciones, ¿me equivoqué o acerté? Acerté. ¿Qué intenta hacer? ¿No le sorprende? Atribuir el asesinato a Milady.
Sir Leicester se levanta de la butaca y vuelve a hundirse en ella.
—Y se sintió alentada para hacerlo al enterarse de que me pasaba la vida aquí, cosa que hice adrede. Abra usted ahora este cuaderno, Sir Leicester Dedlock, si me permite la libertad de tirárselo a usted, y mire las cartas que me han ido llegando, cada una de las cuales contiene dos palabras: «LADY DEDLOCK». Abra la dirigida a usted, que retuve esta misma mañana, y lea las tres palabras: «LADY DEDLOCK, ASESINA». Estas cartas han ido llegando como un enjambre de langostas. ¿Qué me dice usted si le digo que la señora Bucket, desde su torre vigía, vio que todas ellas las escribía esta joven? ¿Qué me dice usted si le digo que hace media hora la señora Bucket consiguió la tinta y el papel correspondientes, las medias hojas que faltan y todo lo demás? ¿Qué me dice usted si le digo que la señora Bucket vio cómo esta joven ponía todas y cada una de ellas en el correo, Sir Leicester Dedlock, Baronet? —pregunta el señor Bucket, triunfante en su admiración del genio de su cara mitad.