Casa desolada
Casa desolada —Sir Leicester Dedlock, Baronet —sigue diciendo el señor Bucket, a quien le encantan los tÃtulos completos y que se siente violento cuando elimina cualquier fragmento de ellos—, el último aspecto de mi caso que voy a mencionar por ahora revela la necesidad de tener paciencia en nuestro oficio, y de no hacer nunca las cosas con prisas. Ayer observé a esta joven, sin que ella lo notara, mientras ella contemplaba el funeral, en compañÃa de mi mujer, que habÃa proyectado llevarla a él, y observé tal expresión en su rostro y yo tenÃa tantas pruebas contra ella, que me indigné por su malicia contra Milady, y tan bueno era el momento para que cayera sobre ella lo que podrÃa usted calificar de venganza, que de haber sido yo más joven y tenido menos experiencia, estoy seguro de que la hubiera detenido. Asimismo anoche, cuando llegó a casa Milady, que estoy seguro goza de la admiración universal, con un aspecto que, por Dios cabrÃa casi decir que era Venus surgiendo del océano, me resultó tan desagradable y tan absurdo pensar que se la acusara de un asesinato del cual era inocente, que sentà grandes deseos de poner fin al trabajo. ¿Qué podÃa yo perder? Sir Leicester Dedlock, Baronet, hubiera perdido el arma. Aquà mi prisionera propuso a la señora Bucket después del funeral que fueran en autobús al campo para tomar el té en un lugar público, pero muy decente. Ahora bien, cerca de ese lugar público corren unas aguas. A la hora del té aquà mi prisionera se levantó para ir a buscar un pañuelo de bolsillo al dormitorio donde se guardaban los sombreros. Estuvo ausente mucho tiempo, y cuando reapareció venÃa sin aliento. En cuanto llegaron a casa me lo comunicó la señora Bucket, junto con sus observaciones y sus sospechas. Hice que dragaran el rÃo a la luz de la luna, en presencia de un par de nuestros hombres, y antes de que la pistola de bolsillo llevara allà seis horas, salió del fondo. Ahora, querida mÃa, pásame más el brazo por encima del mÃo, pásalo firme y no te haré daño.