Casa desolada
Casa desolada Pues, al igual que la perspectiva del asesinato, antes de que éste se cometiera, por sutiles que hubieran sido las precauciones para cometerlo, se habría visto negada por una ampliación gigantesca de la figura odiada, que no le permitiría ver las consecuencias después; y al igual que esas consecuencias le habrían llovido encima como un diluvio de dimensiones inconcebibles, en el momento del entierro de la figura, como ocurre siempre que se comete un asesinato, igual ve ahora que cuando él la vigilaba y ella pensaba: «¡Ojalá cayera un golpe mortal sobre este viejo y lo quitara de mi camino!», no hacía sino desear que todo lo que él tenía contra ella se lo llevara el viento y cayera hecho pedazos en muchos sitios distintos. Lo mismo ocurre con el alivio culpable que experimentó ante la muerte de él. ¿Qué fue su muerte, sino la eliminación de la piedra clave de un arco sombrío? ¡Y ahora el arco empieza a caerse en mil fragmentos, cada uno de los cuales la aplasta y la lacera!