Casa desolada
Casa desolada —Señor Woodcourt —dijo el señor Bucket, que lo habĂa estado observando atentamente mientras avanzábamos—, nuestro negocio nos lleva a un papelero de los tribunales que hay aquĂ: un tal señor Snagsby. Pero veo que usted ya lo conoce, Âżno? —Era tan sagaz que lo percibiĂł en un instante.
—SĂ, he oĂdo hablar de Ă©l y lo he visitado en su tienda.
—¿Verdaderamente, caballero? —dijo el señor Bucket—. Entonces tendrá usted la bondad de permitirme que deje a la señorita Summerson con usted durante un momento, mientras voy a hablar un instante con él.
El Ăşltimo agente de policĂa con el que habĂa hablado estaba detrás de nosotros en silencio. Yo no me habĂa dado cuenta hasta que intervino cuando dije yo que habĂa oĂdo gritar a alguien.
—No se alarme, señorita —comentó—. Es la criada de Snagsby.
—Mire —dijo el señor Bucket—, la chica tiene ataques, y esta noche ha tenido uno muy malo. Verdaderamente es una lástima, pues quiero que me dé una información y hay que hacerla que recupere el sentido sea como sea.
—En todo caso, no estarĂan despiertos todavĂa si no fuera por ella, señor Bucket —dijo el otro—. Lleva asĂ prácticamente toda la noche, inspector.