Casa desolada
Casa desolada He hecho todo lo que podía por perderme. Así se me olvidará dentro de poco y lo deshonraré a él lo menos posible. No tengo nada por lo que se me pueda reconocer. Ahora dejo este papel. El lugar donde voy a yacer, si puedo llegar hasta allí, es algo en lo que he pensado muchas veces. Adiós. Perdón.
El señor Bucket me hizo apoyarme en su brazo y me forzó suavemente a sentarme:
—¡Ánimo! No crea usted que soy duro con usted, hija mía, pero en cuanto sienta usted fuerzas, póngase los zapatos y prepárese.