Casa desolada
Casa desolada HIERRO Y ACERO
La galería de tiro de George tiene el letrero de «Se alquila», se han vendido sus existencias y el propio George está en Chesney Wold para cuidar de Sir Leicester en sus paseos a caballo, montando a su lado, porque Sir Leicester guía a su caballo con mano muy incierta. Pero hoy George no está ocupado en eso. Hoy viaja al país del hierro, en el Norte, para ver cómo están las cosas.
Al llegar más al norte del país del hierro, deja tras él los bosques verdes y jugosos como los de Chesney Wold, y los elementos del paisaje pasan a ser los pozos de carbón y las cenizas, altas chimeneas y ladrillos rojos, un verdor agostado, unos fuegos ardientes y una nube de humo denso que no se disipa nunca. Entre esos objetos cabalga el soldado, mirando en su derredor y siempre buscando algo que ha venido a encontrar.
Por último, en el puente negro del canal de una ciudad muy activa, en la que resuena el hierro y hay más fuegos y más humos que jamás haya visto en su vida, el soldado, ennegrecido por el polvo de los caminos del carbón, frena a su caballo y pregunta un obrero si conoce a alguien llamado Rouncewell en las cercanías.
—¡Hombre, jefe —dice el obrero—, eso es como preguntarme si conozco a mi padre!
—¿Tan conocido es por aquí, camarada? —pregunta el soldado.