Casa desolada
Casa desolada —¿Rouncewell? ¡Y tanto!
—¿Y dónde podrÃa encontrarlo? —vuelve a preguntar el soldado, que echa un vistazo en su derredor.
—¿El banco, la fábrica o la casa? —quiere saber el obrero.
—¡Jem! Según parece, Rouncewell es tan importante —murmura el soldado—, que casi me dan ganas de darme la vuelta. Pero es que no sé exactamente lo que quiero. ¿Cree usted que podré encontrar al señor Rouncewell en la fábrica?
—No es fácil saber dónde va usted a encontrarlo; a esta hora del dÃa podrÃa usted encontrarlo ahÃ, a él o a su hijo, si está en la ciudad; pero como tiene muchos contratos, ha de salir mucho.
¿Y cuál es la fábrica? Pues si ve esas chimeneas… ¡las más altas! SÃ, las ve. Bueno, pues siga atento a esas chimeneas, vaya hacia ellas todo derecho, pronto verá una vuelta a la izquierda, cerrada por un gran muro de ladrillo que forma un lado de la calle. Ésa es la fábrica de Rouncewell.