Casa desolada
Casa desolada —Excusen ustedes a mi casero —dijo la señorita Flite con aire muy digno—. ¡L,, totalmente L! ¿Qué quiere usted, Krook, cuando tengo visita?
—¡Eh! —dijo el viejo—. Ya sabe usted que yo soy el Canciller.
—¿Y qué? —contestó la señorita Flite—. ¿Qué pasa?
—Resulta curioso —dijo el viejo, con una risita— que el Canciller no conozca a un Jarndyce, ¿no, señorita Flite? ¿Me permite la libertad? A sus órdenes, caballero. Conozco el caso Jarndyce y Jarndyce casi tan bien como uste, señor. Conocà al viejo caballero Tom. Pero a usted, que yo sepa, no lo he visto nunca, ni siquiera en el Tribunal. SÃ, voy allà muchas veces al cabo del año, un dÃa con otro.
—Yo no voy nunca —dijo el señor Jarndyce (que no iba, pasara lo que pasara)—. Antes preferirÃa ir… a otra parte.