Casa desolada
Casa desolada —No pierda usted los modales además del dinero —dice el señor George, que quita calmosamente la ceniza de su pipa—. Se ahogó hace mucho tiempo. Estoy convencido. Debe de haberse caÃdo de un barco. No sé si adrede o accidentalmente. Quizá lo sepa su amigo de la City. ¿Conoce usted esta melodÃa, señor Smallweed? —añade tras ponerse a silbar una canción, acompañándose en la mesa con la pipa vacÃa.
—¿MelodÃa? —pregunta el viejo—. No. Aquà no gastamos melodÃas.
—Pues es la Marcha Fúnebre del Saúl de Händel. Es la que tocan cuando se entierra a un soldado, de manera que es el final natural de este tema. Ahora, si su guapa nietecita (con su permiso, señorita) condesciende a cuidar de esta pipa durante dos meses, nos ahorraremos el precio de comprar otra para la próxima vez. ¡Buenas noches, señor Smallweed!
—¡Mi querido amigo! —el viejo le alarga ambas manos.
—¿Asà que usted cree que su amigo de la City me tratará mal si me atraso en un pago? —pregunta el soldado, que lo mira desde arriba, como un gigante.
—Mi querido amigo, me temo que sà —contesta el viejo, que lo mira desde abajo, como un pigmeo.