Casa desolada

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CAPÍTULO XXVII

MÁS DE UN EX SOLDADO

El señor George no tiene gran distancia que recorrer, cruzado de brazos en el pescante, hasta que llegan a su destino en Lincoln’s Inn Fields. Cuando el conductor frena sus caballos, el señor George se apea y al mirar por la ventanilla dice:

—O sea, que su cliente es el señor Tulkinghorn, ¿eh?

—Sí, mi querido amigo. ¿Le conoce usted, señor George?

—Hombre, ya sé quién es…, y además creo que lo he visto. Pero no lo conozco, y no creo que él me conozca a mí.

Después llevan arriba al señor Smallweed, lo cual se hace a la perfección con la ayuda del soldado. Lo llevan a la gran sala del señor Tulkinghorn, y lo depositan en la alfombra turca ante la chimenea. El señor Tulkinghorn no está ahora mismo, pero no tardará en volver. Tras decir esto, el ocupante del reclinatorio de la entrada atiza el fuego y deja al triunvirato que se vaya calentando.

El señor George siente gran curiosidad por esta sala. Contempla el techo pintado, mira los viejos libros de derecho, contempla los retratos de los grandes clientes, lee en voz alta los nombres de las cajas.


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