Cuentos de Navidad
Cuentos de Navidad —¡En efecto, señor! —contestó Snitchey—, y también tengo motivos para saber que mañana por la noche la verdad le será desvelada a su hermana. Asà se lo han prometido. Mientras tanto, tal vez quiera hacerme el honor de acompañarme a mi casa, dado que no se le espera en la suya. Pero, para no correr el riesgo de topar con inconvenientes como los que ha hallado aquÃ, en caso de ser reconocido (si bien ha cambiado considerablemente; creo que yo mismo habrÃa pasado por su lado sin reconocerle, señor Warden), será mejor que cenemos aquà y caminemos de noche. Es un excelente lugar donde cenar, señor Warden; y de su propiedad, por cierto. Craggs…, el difunto Craggs y yo venÃamos a tomar una chuleta de cuando en cuando, nos la preparaban de maravilla. Al señor Craggs, señor —dijo Snitchey, cerrando los ojos con fuerza un instante y abriéndolos de nuevo—, se le borró del registro de la vida demasiado pronto.
—Que Dios me perdone por no expresarle mis condolencias —repuso Michael Warden, pasándose la mano por la frente—, pero en estos momentos soy como un hombre dentro de un sueño. Tengo la impresión de no estar en mis cabales. El señor Craggs…; sÃ…, lamento mucho que hayamos perdido al señor Craggs.
Pero miró a Clemency mientras decÃa esto y dio la impresión de compadecerse de Ben, que la consolaba.