Cuentos de Navidad
Cuentos de Navidad —QuerÃa que me sintiese bendecida y honrada por tu amor —fue la respuesta de su esposa cuando él la estrechó entre sus brazos.
—¡Escúchame, querida mÃa! —dijo él—. ¡No, escúchame bien! —Y, mientras hablaba, él posó dulcemente la cabeza que ella habÃa erguido de nuevo sobre su hombro—. Sé por qué nunca habÃa sabido de ese pasaje de la carta, hasta ahora. Sé por qué nunca asomó el menor atisbo de él en ninguna de tus palabras o tus miradas en aquel entonces. Sé por qué, Grace, pese a ser una amiga tan leal para conmigo, resultó tan difÃcil convertirte en mi esposa. ¡Y sabiendo esto, amada mÃa, sé el inconmensurable valor que tiene el corazón que estrecho entre mis brazos y doy gracias a Dios por tan precioso tesoro!
Ella lloraba, pero no de pena, mientras él la apretaba contra su propio corazón. Un instante después, él miró a la niña que estaba sentada a sus pies y jugaba con una pequeña cesta de flores y pidió a su esposa que observase cuán dorado y cuán rojo estaba el sol.
—Alfred —dijo Grace, alzando la cabeza rápidamente al oÃr aquellas palabras—, el sol se está ocultando. No habrás olvidado lo que debo saber antes de que se ponga…
—Vas a saber la verdad de la historia de Marion, amor mÃo —contestó él.