Cuentos de Navidad
Cuentos de Navidad —Toda la verdad —dijo ella, implorante—. Que nunca más se me oculte nada. Esa fue la promesa, ¿no es as�
—Esa fue —respondió él.
—Antes de que el sol se ponga el dÃa del cumpleaños de Marion. Y ¿lo ves, Alfred? Desciende muy deprisa.
Él rodeó su cintura con un brazo y, mirándola fijamente a los ojos, replicó:
—Esa verdad no se ha guardado tanto tiempo para que yo te la desvele, querida Grace. Provendrá de otros labios.
—¡De otros labios! —repitió ella débilmente.
—SÃ. Sé de tu leal corazón, sé lo valiente que eres, sé que te basta con una palabra para sentirte preparada. Has dicho, certeramente, que ha llegado el momento. Asà es. Dime que dispones de la fortaleza para soportar una prueba…, una sorpresa…, una conmoción, pues el mensajero aguarda en la puerta.
—¿Qué mensajero? —preguntó ella—. ¿Y qué información trae?
—Me he comprometido —le contestó él, sin dejar de mirarla fijamente— a no decir más. ¿Crees que me has entendido?
—Me da miedo pensar —dijo ella.