Cuentos de Navidad
Cuentos de Navidad —¡Oh, Marion! ¡Oh, Marion!
—HabÃa tratado de parecer indiferente a él —y apretó la cara de su hermana contra la suya—, pero resultaba difÃcil, y tú siempre actuabas como su leal defensora. HabÃa tratado de revelarte mi decisión, pero tú nunca me habrÃas escuchado, nunca me habrÃas comprendido. Se acercaba el dÃa de su regreso. Sentà que debÃa actuar antes de que se reanudase nuestra relación cotidiana. Supe que un punzante dolor en aquel momento nos ahorrarÃa una prolongada agonÃa a todos. Supe que si me marchaba entonces, a ello proseguirÃa el final que ha proseguido, ¡y que nos ha hecho tan felices a las dos, Grace! Escribà a la buena tÃa Martha para que me amparase en su casa; no le conté todo, solo parte de mi historia, y ella accedió libremente. Mientras pugnaba conmigo misma para dar aquel paso, y con mi amor por ti y por mi hogar, el señor Warden, a quien habÃan traÃdo tras sufrir un accidente, se convirtió durante algún tiempo en nuestro acompañante.
—¡En estos últimos años, en ocasiones he temido que fuese eso lo que habÃa ocurrido! —exclamó su hermana, y su semblante lucÃa una palidez cenicienta—. ¡Nunca lo amaste… y te casaste con él sacrificándote por mÃ!