Cuentos de Navidad
Cuentos de Navidad —¡Mi amor, mi hermana! —dijo Marion—, aparta tus pensamientos un momento, escúchame. No me mires de ese modo tan extraño. Hay paÃses, querida mÃa, donde aquellos que renuncian a una pasión equivocada o luchan contra algún preciado sentimiento de su corazón y lo conquistan se retiran a una desesperanzada soledad, se aÃslan del mundo, de los amores terrenales y de las esperanzas de por vida. Cuando quienes lo hacen son mujeres, adoptan ese nombre tan querido por ti y por mà y se llaman entre sà «hermanas». Pero puede haber hermanas, Grace, que, en el vasto mundo exterior y bajo su extenso cielo, y en sus lugares concurridos, y entre su ajetreada vida, e intentando colaborar, tornarlo más alegre y hacer el bien…, aprenden la misma lección; y, con el corazón aún lozano y joven, y abierto a toda felicidad y a todos los medios para alcanzarla, pueden afirmar que la batalla concluyó hace mucho tiempo, que la victoria se conquistó hace mucho tiempo. ¡Y yo soy una de ellas! ¿Me entiendes ahora?
Grace siguió mirándola fijamente y no contestó.