Cuentos de Navidad
Cuentos de Navidad —Si el señor Craggs estuviese vivo, mi querida señorita Marion —dijo el señor Snitchey—, sentirÃa un enorme interés por este acontecimiento. Tal vez le habrÃa sugerido, señor Alfred, que nuestra vida no es precisamente fácil; que, considerada en su globalidad, agradecerÃa cualquier pequeño alivio que pudiésemos proporcionarle; pero el señor Craggs era un hombre capaz de tolerar que se le persuadiera, señor. Siempre estaba abierto a la convicción. Si ahora pudiese estar abierto a la convicción, yo… Esto es debilidad. Señora Snitchey, querida mÃa… —a su llamado, aquella dama apareció desde detrás de la puerta—, está usted entre viejos amigos.
Después de transmitir sus felicitaciones, la señora Snitchey se llevó aparte a su esposo.
—Un momento, señor Snitchey —dijo aquella dama—. No es propio de mà remover las cenizas de los difuntos.
—No, querida mÃa —contestó su marido.
—El señor Craggs está…
—SÃ, querida mÃa, está muerto —dijo el señor Snitchey.